Un proyecto que nace del encuentro y la colaboración.
Por Maricruz Trigueros rscj
Durante este semestre hemos puesto en marcha nuestro proyecto apostólico, al que hemos llamado “Acompañando y fortaleciendo puentes de esperanza”, centrado en el acompañamiento a personas en movilidad en la frontera.
El proyecto contempla distintas líneas de acción:
- la colaboración directa en albergues,
- el desarrollo de talleres psicosociales, espirituales y de salud,
- y el apoyo a la salud física, mental y emocional.
Valoramos mucho la oportunidad de compartir estos espacios con las personas, nos ayuda a ampliar la mirada, conocer sus realidades y acompañar las situaciones difíciles que van viviendo.

Dentro del proyecto también contemplamos una línea específica de trabajo con la población haitiana, así como la promoción de la espiritualidad y la formación para el voluntariado.
Voces que nos enseñan y nos transforman
En este caminar, recogemos también el testimonio de una persona haitiana que vive en Villa Fraterna, lugar que visitamos regularmente:
“En el caso mío fue de gran provecho estos talleres. He podido entender cómo integrar en la sociedad los hechos pasados, el presente y el futuro; cómo puedo hacer para superarme. El tema de manejo de sentimientos.”
Estas palabras nos confirman la importancia de crear espacios donde las personas puedan nombrar su historia, integrar lo vivido y fortalecer su proceso personal.

Cambios en la frontera: nuevas realidades, nuevos desafíos
La situación en la frontera ha ido cambiando. Aunque continúan llegando personas, lo hacen en menor número. En los últimos meses, lo que vemos con mayor frecuencia es la llegada de personas repatriadas, mexicanas y mexicanos que llevaban 15, 20, 30 o incluso 40 años viviendo en Estados Unidos.
Una de las realidades más dolorosas es la separación familiar: hijos, hijas o esposas/os con estatus legal permanecen del otro lado de la frontera, mientras un miembro de la familia es obligado a salir sin posibilidad de regresar. Algunas personas deciden quedarse en Tijuana para facilitar el encuentro con sus familiares; Otras en cambio, deciden regresar a su lugar de origen y empezar de cero.



Espiritualidad que sostiene: los Sábados Ignacianos
Desde agosto hemos iniciado un nuevo ministerio: los Sábados Ignacianos, una jornada mensual de oración y espiritualidad en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en San Diego, acompañadas por los jesuitas.
Agradecemos profundamente la oportunidad de compartir con fieles latinos del otro lado de la frontera, donde se vive también mucha preocupación frente a las políticas migratorias actuales.
Caminando en red, fortaleciendo el acompañamiento
En San Diego seguimos participando en el Colaborativo de Hermanas con Ministerios Fronterizos. Mantenemos una reunión mensualmente por Zoom, Lisa Buscher rscj es quien convoca y coordina. Este espacio nos ha permitido compartir experiencias, desafíos y aprendizajes.
En junio tuvimos una reunión presencial y, en septiembre, un taller de formación de tres días que fue especialmente significativo para fortalecernos en el servicio de acompañar a personas vulnerables, sobre todo en el contexto actual.

en nuestro Centro de Espiritualidad en San Diego
Además, en este verano la comunidad de RSCJ en Tijuana, tuvimos una noticia que nos llena de esperanza: recibimos un donativo de parte de la Fundación Hilton que apoya a hermanas católicas. Actualmente, formamos parte de un grupo de cinco congregaciones religiosas que compartimos un proyecto común, nos reunimos periódicamente y contamos con recursos que nos permiten sostener y fortalecer esta misión compartida.
Una presencia que busca sostener la esperanza
Desde la frontera, seguimos apostando por una presencia cercana, compasiva y comprometida. Creemos que acompañar, escuchar y sostener procesos es una manera concreta de fortalecer puentes de esperanza, especialmente en contextos marcados por la movilidad, la incertidumbre y el desarraigo.






























