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Confío en que me perdonen aquellas que me sucedan, y que todos los miembros de esta familia tan querida del Sagrado Corazón aprendan de mis equivocaciones, reparen las brechas que deploro de mi ida y aviven su celo y su trabajo para estrechar más y más el verdadero espíritu de Jesús.

Que ese espíritu se traduzca, sobre todo, en la práctica de la humildad, de su íntima hermana, la pobreza, y por último de la obediencia, vínculo y defensa de las demás virtudes. Si éstas dominan, puedo asegurar para siempre la prosperidad y la existencia de la Sociedad...

Queridos amigos y amigas, familia de Sofía:
Un 25 de Mayo tan distinto nos reúne esta vez,  en diversos lugares de nuestra tierra, muchos(as) recluidos(as), con temor, incertidumbre y también con dolores. Pero en esta fecha tan significativa se nos acerca nuestra querida Sofía y nos sopla al oído la receta para vivir, con confianza y fuerza, esta experiencia que nos desarma la vida.

Ante la llamada emergente de permanecer en casa, evidentemente se fueron cancelando las actividades agendadas con los diferentes grupos y espacios donde vivimos nuestra misión. Al compartir cómo nos sentíamos con eso, empezamos a preguntarnos ¿qué nos toca ser y hacer para acompañar a las personas y grupos en este tiempo?, fuimos pensando juntas y las ideas y sugerencias fueron fluyendo. Al irnos acogiendo cada quien con su aporte, nos reconocimos más humanas, más hermanas.