Caminar al interior...

Marisol Jiménez

Siempre pensé que lo más importante en esta vida era compartir con la y el prójimo, realizar labores sociales, ir de misiones, participar en la catequesis, en fin, ser una buena persona, pero Dios puso en mi camino situaciones que me ayudaron a descubrir que el inicio de ese plan tan grande de cambio mundial y de ideales un tanto salvadores, tenían un comienzo fácil, que se trataba de compartir, cuidar, apapachar a una persona que lo necesitaba… YO.

Descubrir esa verdad tan grande, me llevó a buscar cómo acercarme a mí, una tarea que me resultó sumamente difícil, podrá parecer un poco tonto, pero conocerme y amarme tal cual soy no fue nada sencillo, nadie tiene una receta, no es como preparar un pastel, pero contamos con pistas en el camino, que nos llevan a lo esencial, al origen de todo, amor incondicional.

Y fue así como llegué a las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús y a su propuesta de Caminata al interior…

Llegar al Valle del Mezquital en el Estado de Hidalgo, no fue extraño para mí, ya había estado ahí de misiones, tener el cariño de personas que no te conocen, el recibimiento caluroso, que te den de comer como signo de preocupación por tu persona, fue parte de toda esta aventura.

Comencé enfrentado lo que muchas veces siento en lo más profundo de mi ser, un camino que aparentemente no lleva a ningún lado, pero después de dar vueltas con la luz en mis manos llegué al final del laberinto.  

Empezó el caminar, caminando llegamos a aclarar la mente y a sentir las palabras que son fuente de vida.

Tuve guías y compañeras, que contribuyeron a que todo fuera más claro y un tanto divertido, descubrir que no soy la única, que cada una lleva su proceso y que todas estamos en busca de fortalecer nuestra relación con el Padre, me tranquilizó y me ayudó a profundizar en los temas propuestos durante la actividad.

Puse en juego mis sentimientos, que brotan del corazón, abriendo mi pasado como base de mi presente.  Abriendo el corazón tenemos un encuentro personal con Dios…

Escuchando atentamente, como la mujer samaritana, en silencio, teniendo pura confianza, como los discípulos en el mar, en aquella pesca milagrosa, pude tener un verdadero encuentro, con los hermosos paisajes del Mezquital, con las personas más generosas que dan testimonio de vida, con mis compañeras de pasos y el más importante con el que ama incondicionalmente, que me ama con todo lo que está herido de mí.

Al final de esta experiencia, después de 23,122 pasos y 14.7 kilómetros recorridos, el corazón queda lleno, sintiendo un impulso para continuar caminando.