Al acercarnos a la Fiesta del Sagrado Corazón, queremos compartir un texto que sigue iluminando nuestra vida y misión más de cuarenta años después de haber sido escrito.
Se trata de una carta de Concha Camacho, rscj —Concepción Camacho Fernández Cañedo (1927–2014)—, religiosa del Sagrado Corazón y duodécima Superiora General de la Sociedad del Sagrado Corazón, de 1970 a 1982. Su vida y liderazgo estuvieron marcados por una profunda fe, una mirada audaz y una apertura a los caminos de renovación que el Espíritu iba suscitando en la Iglesia y en la Congregación.
Compartimos esta carta como una invitación a preparar nuestro corazón para la Fiesta del Sagrado Corazón y a renovar nuestro deseo de descubrir y revelar el amor de Dios en el corazón del mundo.

El costado abierto
“Como era el día de la Preparación, para que no quedaran los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— los judíos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, como lo hallaron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.”
Juan 19, 31-34

Un soldado “le abrió el costado…”. Las palabras del evangelio de Juan resuenan una vez más en este mes de junio.
“…Le abrió el costado…”. Así de escueto y así de claro, como si aquel soldado hubiera querido asegurarse de que no quedaba dentro ninguna migaja de ternura sin entregar.
“…Le abrió el costado…”. Y el costado quedó abierto. Cuando algo queda abierto, salir y entrar es cosa fácil. Por la abertura salió sangre y salió agua… Las últimas gotas de vida. Y por la abertura entró, días más tarde, la mano, el miedo y la duda de Tomás.
Muchos hemos hecho del “estar abiertos” una etiqueta gloriosa relacionada con el cerebro más que con el corazón: entender las últimas ideologías, comprender el cambio, conocer las exigencias de la juventud… Pero tener el “costado abierto” es algo más costoso, porque la entrada es libre y puede resultar incómodo. Puede permitir al otro, al distinto, entrar y quedarse, ocupar un lugar, exigir un cambio, mendigar amistad; permitirle entrar con ideas distintas, con cultura distinta, con su debilidad, sus preocupaciones y su sufrimiento. Y si entra, quizá nos obligue a salir para buscar más comensales.
Una lanza “abrió el costado de Dios” y quedó abierto… no podía quedar cerrado…
Tener un corazón como el suyo puede significar un corazón con derecho de entrada para el extranjero, para el débil, para el enfermo, para el perseguido político, para el herido por la guerra, para el pequeño, para el hermano que piensa distinto.
Y un corazón abierto, como el de Dios, deja también salir la sangre y el agua, la ternura, la amistad, el don total.
Concha Camacho, rscj
Fiesta del Sagrado Corazón
Junio de 1980
Una invitación para nuestro tiempo
Las palabras de Concha Camacho continúan interpelándonos hoy.
Contemplar el costado abierto de Jesús es contemplar un amor que no se reserva nada para sí mismo; un amor que acoge, escucha, acompaña y se entrega.
Al acercarnos a la Fiesta del Sagrado Corazón, pidamos la gracia de vivir con un corazón cada vez más abierto a Dios y a los demás; un corazón capaz de construir comunidad, ofrecer amistad, compartir esperanza y hacer presente el amor de Cristo allí donde más se necesita.
Que esta fiesta renueve en nosotros el deseo de seguir descubriendo y revelando el amor de Dios en el corazón del mundo.

