Desde Puerto Rico

Santurce Puerto Rico, 11 de octubre de 2017

Han pasado tres largas semanas desde que el huracán María nos azotó y destrozó. Aún amanecemos sorprendidos por la desolación que nos rodea. Puerto Rico es una isla muy pequeña, y al atravesarla diagonalmente, el ciclón no dejó un rincón que no sintiese su huella. No podemos contar mucho sobre lo que ocurre en el resto de la isla, pues salvo dos o tres RSCJ que han hecho el viaje a Barranquitas y a Ponce, no hemos visto los estragos. Ustedes han podido ver más que nosotras a través de las imágenes de los medios de comunicación. Queremos solamente compartir un poco sobre cómo hemos vivido y vivimos estos días en las tres comunidades de la isla.

Monteflores (la casa de las hermanas mayores), la Comunidad Filipina Duchesne y la Universidad del Sagrado Corazón están situadas en el punto más alto de la zona de Santurce. Los vientos arrasaron – o más bien, quemaron - las hojas, y tumbaron muchos árboles, entre ellos las caobas centenarias que daban la bienvenida a las alumnas del Colegio desde su fundación. El paisaje parecía ser el resultado de un incendio forestal. Pero ya las hojas verdes comienzan a brotar, y el panorama alienta a la esperanza. Aunque nuestro vecindario ha sufrido lo suyo, el estar situadas en el área metropolitana hace que la recuperación sea algo más fácil. Poco a poco comienza a funcionar el teléfono. Hay internet en algunos lugares. La Universidad del Sagrado Corazón ha montado una red de emergencia que nos permite conectarnos. El agua llega…y se va… Somos unas privilegiadas. Ni nuestras casas ni la Universidad sufrieron daños estructurales sustanciales. En cambio, algunos de los empleados, profesores y estudiantes lo han perdido todo.

En la casa de las mayores el daño principal es la caída de la verja que nos separa de la Universidad. ¡Ahora tenemos acceso directo! Nos preocupa el poste de alto voltaje eléctrico que ha aplastó uno de los portones de acceso, una reparación que supone trabajo difícil y del que depende que vuelva la luz. Las hermanas están bien, “vivas, gracias a Dios”, como dice cada uno de los puertorriqueños en estos días. Ya todas han recibido noticias de sus familiares desparramados por lugares alejados de la cordillera, y eso nos ha tranquilizado. Nuestras familias y muchas antiguas alumnas se preocupan por nosotras y a diario recibimos visitas y regalitos que reflejan el cariño que tienen a las religiosas. Nos sentimos arropadas, lo que nos anima a no perder el ánimo y animar a otros.

En la comunidad Filipina Duchesne, aunque las hermanas no tienen agua ni luz en la casa, han unido sus esfuerzos a los del personal de la Universidad para asistir a las comunidades vecinas, un sector donde había muchas necesidades antes del huracán y que ahora se han agudizado. 

La comunidad universitaria del Sagrado Corazón, arraigada a sus valores, centrada en el servicio y la transformación de la comunidad puertorriqueña, luego del paso del huracán Irma por la isla puso en marcha un proyecto de solidaridad y asistencia a familias y comunidades damnificadas. Así nació el proyecto Sagrado Contigo. 

Con el paso del huracán María, se reafirmó el compromiso universitario para aunar grandes esfuerzos para levantar al Puerto Rico. Desde el 20 de septiembre hemos sido testigos del dolor y la impotencia de nuestra gente ante el panorama desolador de perder mucho o todo de sus pertenencias y hogares. Desde el proyecto Sagrado Contigo hemos estado mano a mano con familias e instituciones sin fines de lucro y base comunitaria acompañándolos para que no pierdan la esperanza ni las fuerzas para construir de nuevo. La pobreza luego del huracán tiene rostro de abuelos y abuelas. Asistiendo a familias de las comunidades de Cantera, Playita, Villa Palmera, Barrio Obrero, entre otras, nos hemos encontrado con ancianos que lloran de agradecimiento ante una caja de agua potable o suplican por un plato de comida al día. Son nuestros viejos y viejas quienes están llevando la peor parte de esta crisis, muchos no tienen transportación, no tiene las fuerzas para hacer filas y mucho menos entienden de aplicaciones móviles para hacer solicitudes de asistencia federal (FEMA). Hemos ayudado con comida, agua, ropa, productos de higiene, sabanas y hasta juguetes para los niños.

También están nuestros jóvenes. Son muchos los universitarios que han perdido sus hogares, empleos y hasta familiares que han salido de la isla. Nuestra juventud ha quedado más pobre en esta crisis. Hemos recibido estudiantes que ya no tienen la posibilidad de estudiar y viajar a sus casas, muchos que no tienen ingresos económicos para comprar alimentos para ellos y sus familias. Algunos están desconsolados, otros buscan un poco de ayuda para continuar la lucha.

La Universidad se ha convertido en oasis de acogida y asistencia para ellos. Hemos recibido miembros de la comunidad que han llegado en bicicleta de pueblos lejanos para buscar la única ayuda en la que confían. Hemos llorado con ellos y lograr reconfortarlos con un abrazo, asegurándoles que no están solos. Continuamos firmes en nuestra misión de que Puerto Rico sea una comunidad solidaria en la justicia y la paz. Dios se manifiesta en la mano amiga que brindamos a cada persona y lugar de nuestro pueblo.” En la Universidad se trabaja sin cesar y con mucha creatividad para reanudar clases la semana próxima. Se han recogido ramas y árboles, y colocado 25 carpas por todo el campus, donde se impartirán las clases.

La casa de Barranquitas, situada en una loma en el centro de la isla y rodeada de vegetación, sufrió gran pérdida de árboles. Uno cayó sobre la parte del edificio donde se alojaban los que venían a la Casa de Retiros, destruyendo el lado construido en madera y zinc. Gracias a Dios que las hermanas se habían marchado con el aviso de huracán, pues hubieran quedado aisladas, ya que las carretas estuvieron impasables por varios días. En el Colegio del Sagrado Corazón de Ponce no hubo grandes daños. Varias familias de empleados y de estudiantes han perdido todo.

Este Puerto Rico que nos ha dejado María, con sus destrozos y oportunidades, es nuestra nueva frontera. Contamos con el cariño y el apoyo de nuestras hermanas para poder atravesarla con valentía y amor.

Las hermanas de Barranquitas, Comunidad Filipina Duchesne, y Monteflores