Un lugar del mundo

Marta Ferrer

México, un país con 129 millones de habitantes, 31 estados, 31 culturas conviviendo y una riqueza cultural inmensa.

México, para algunos, un país de narcotráfico, violencia y desigualdades. Para otros, un país el cual ha de ser separado por un muro construido a base de engaños, prejuicios y desconocimiento de todo un pueblo. Y para mí, un lugar del mundo donde he encontrado una parte de mí que creía haber perdido.

Esta experiencia me ha salvado. Me ha hecho creer en mí, en la posibilidad de ser quien realmente quiero ser. En México he aprendido que el valor del tiempo es relativo, pero que es importante darse tiempo a uno mismo. Que aun que queramos estar en todos lados, cumplir con todo y dedicarle tiempo a todo el mundo, antes es importante dedicar tiempo a uno mismo. Que aunque el mundo no deje de girar y de estar en continuo movimiento es necesario parar y pensar : ¿Qué quiero?, ¿Qué necesito? Y preguntarnos siempre qué sentido tiene lo que estamos haciendo.

Si tuviese que definir esta experiencia de alguna forma seria como cuando entras en el mar. Al principio cuesta, el agua está fría, por lo que has de entrar despacio, y poco a poco, ir haciéndote tuyo un espacio al que no estabas acostumbrada. Lo bueno es que, cuando decides dar este paso, cuando decides sumergirte en el agua, hayas en ella tesoros que no esperabas encontrar. Pero es importante no dejar de nadar al ritmo que lo hace la corriente, te has de adaptar ella y respetarla.

¿Que qué me llevo de México? Sin lugar a dudas las personas que he conocido y con las que he convivido. Ellas me han abierto su corazón, su alma y me han entregado toda su bondad y eso es algo que jamás olvidaré. Todos ellos han hecho que, estando lejos de casa, sienta un deseo enorme de que esto no tenga fin, de que esta gran experiencia siga creciendo. Y sé que así será, porque México ha removido todos mis cimientos, ha sido el inicio de un cambio y sabiendo que “El que me eligió no me dejará”.

Me marcho sabiendo que aún me queda mucho por descubrir de este país que en tan poco tiempo me ha dado tanto.

Gracias Montse. Gracias Centro Educativo Oblatos. Gracias Laura, José, Jessica, Isabel y Josué, siempre estaréis en mi corazón.

Gracias Santa Cecília.