Cuaresma 2021. 5to. Domingo. "Si el grano de trigo en tierra no muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto" Juan 12:24

JPIC Internacional de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús

Evangelio según San Juan 12, 20-33.

También un cierto número de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta.  Algunos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»  Felipe habló con Andrés, y los dos fueron a decírselo a Jesús. Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor. Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto! Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar.» Los que estaban allí y que escucharon la voz decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha ha blado un ángel.» Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera, y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré todo.» Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir. 

Durante la Cuaresma intentamos vivir la experienica de Jesús en el desierto y contemplar su camino a la cruz. Entramos en un viaje de desapego del egocentrismo y disminución del ego. Tenemos ante nosotras la imagen de Jesús viviendo el misterio pascual para animarnos. Quizás, nos ayudaría a ver este camino como uno de "kenosis" (auto-vaciamiento) y "theosis" (deificación) que es el significado último de nuestra vida y muerte.

Este camino interior se vive en el contexto de nuestra cultura y sociedad que tantas veces va en contra del peregrinaje de la vida cristiana. Vivimos en la oscuridad que rodea nuestro mundo, que también exhibe la seducción de la sociedad creada por humanos. Vemos la falta de vivienda, pobreza, marginación de los vulnerables y violencia contra las mujeres y los niños. Esta crucifixión de la humanidad de nuestro tiempo podría llevarnos a contemplar la crucifixión de Jesús.

Como Jesús fue guiado por el Espíritu, nosotros también debemos vivir en el Espíritu sin el cual no podemos hacer nada. Nos adentramos profundamente en nuestro desierto interior, abrazando el vacío de nuestro corazón, y es en la profundidad de este vacío donde el Espíritu puede apoderarse de nosotras y transformarnos.

Como dice Dom Henri Le Saux (Abhishiktananda): "Al pasar de profundidad en profundidad en su propio corazón, el discípulo despierto alcanza la última profundidad del Corazón de Jesús... Luego, pasando más allá de todo, más allá de sí mismo, liberado de todas las ataduras, finalmente llega a la Fuente de donde en su eterno despertar descubre que lo es."

Es el Espíritu que experimentamos en nuestras prfundidades el que nos da una nueva visión de lo que es ser humano viviendo en el cosmos y nos envía a la misión de ayudarnos a recrear nuestro mundo. Nos inspira la belleza que Dios se nos revela en su creación y nos apunta hacia él.

"El alma que mira hacia Dios y concibe ese deseo de su belleza eterna, experimenta constantemente un anhelo siempre nuevo por lo que está por delante... Por eso, nunca deja de extenderse hacia las cosas que están antes, que siempre pasan de ella, etapa actual para adentrarse más profundamente en el interior... y cada gracia recién ganada siempre parece ser más hermosa que las que ha distrutado anteriormente". (Gregorio de Nyssa).

Así entramos en una conexión profunda con la vida con sus alegrías y sufrimientos, y el Espíritu de Dios nos lleva a ser más conscientes de las experiencias de las personas en las luchas socio-político-económicas en nuestros países y en nuestro mundo. Esto eventualmente nos involucra en una lucha por la justicia que generalmente incluye la participación en mecanismos que renuevan los sociopolíticos para crear un mundo mejor para todos.

Para reflexionar: ¿Cómo experimentamos en este momento el Espíritu presente en nuestras vidas? ¿De qué manera estamos llamadas/os a adentrarnos en nuestro "desierto interior"?

En esta cuaresma pedimos la fuerza para abrazar el vacío de nuestro corazón y dejar que el Espíritu se apodere de nosotras/nosotros y nos transforme.

¿Qué nueva visión del mundo y llamado a la misión, en y a través de nuestros diferentes contextos y culturas, nos invita el Espíritu a ver? ¿Cómo respondemos?  ¿Cómo encuentran una expresión concreta nuestras percepciones espírituales: en la forma en que nos relacionamos unos con otros, en nuestro cuidado dela Tierra, nuestra casa común, y en nuestra preocupación por elmundo y la humanidd que sufre?

Amelia Vasquez rscj.  Distrito de Filipinas.

JPiC Hub de aprendizaje 2021