Tiempo para la creatividad

Ceci Rivero Borrell, rscj

Ante la llamada emergente de permanecer en casa, evidentemente se fueron cancelando las actividades agendadas con los diferentes grupos y espacios donde vivimos nuestra misión. Al compartir cómo nos sentíamos con eso, empezamos a preguntarnos ¿qué nos toca ser y hacer para acompañar a las personas y grupos en este tiempo?, fuimos pensando juntas y las ideas y sugerencias fueron fluyendo. Al irnos acogiendo cada quien con su aporte, nos reconocimos más humanas, más hermanas.

Las palabras de esa reunión se fueron concretando y aterrizando en proponer “cápsulas” informativas, educativas y alimentadoras de esperanza, como modo de estar cerca de cada persona y grupos con los que trabajamos. Así, al final surgió la idea de que Ceci con el apoyo de Noemi, pre-novicia, hiciera pequeños podcasts, para alimentar la esperanza en este tiempo. De ahí, de pronto dimos el salto a ofrecer un concierto orante, y henos aquí, a toda la comunidad involucrada.

La idea fue tomando forma poco a poco: hacer un promocional difundido en nuestras redes sociales, hasta abrir cuenta en Instagram, pensar cómo transmitir y después hacer varias pruebas esperando que no fallara el internet, todo entre risas, gratitud, emoción, cariño y un gran deseo de mantenernos conectadas y vinculadas. Casi sin pensar, todo esto se fue haciendo aprendizaje: abrirnos a otras posibilidades de comunicación, de redescubrir el mundo de posibilidades de la tecnología al servicio de la misión, para abrir nuevas fronteras; poco a poco se fue haciendo alegre encuentro y comunión más allá de nosotras.

El celular de Marimer transmitió por Instagram colocado en un tripié adaptado a la ocasión con una cuchara de madera y una pinza grande; la computadora de escritorio manejada por Noemí transmitió por YouTube; Luisa en otra computadora se encargaba de pasar las imágenes de acuerdo al canto; Marimer era la directora de fotografía tras bambalinas, Ceci en la guitarra cantando, y todo monitoreado por nuestra directora de producción, Noemi.

Fue iniciar con muchísima ilusión por lo que significaba estar conectadas con tanta gente deseosa de orar junto con otros. Conny con su celular se hizo cargo de la trasmisión por Facebook,  que de pronto, entre la red inalámbrica, el internet y luego el sobrecalentamiento de su celular, hizo que finalizara el video en varias ocasiones, aunque siempre hubo maneras de resolverlo. Mientras tanto, algo que nos conmovió enormemente fue el estar viendo los nombres de quienes se empezaban a conectar, además de todos los comentarios, de gratitud, reflexión, esperanza, oración y hasta “porras” pidiendo que siguiera la oración con más cantos y qué decir del gran número de corazones que en todo momento aparecían en la pantalla. Nos sentimos trabajando como un solo cuerpo no solo entre nosotras sino con muchos/as otros/as. Sentimos que las llamadas del Capítulo han estado vivamente presentes en esta casa.

Simplemente ¡¡gracias Dios!! por el regalo de sentirnos “un solo corazón” acompañándonos en este momento crítico como humanidad.