Tentaciones muy humanas

Iniciamos la Cuaresma recordando el pasaje de Jesús en el desierto, cuando Jesús se alejó para discernir su misión, y tuvo que enfrentar tentaciones muy humanas. Es un recordatorio de que el Hijo de Dios se hizo verdaderamente uno de nosotros, y tuvo que enfrentar dudas y confusiones, como todos. Hay mil cosas que pueden confundirnos. La presión del dinero fácil, o de vivir en función de nuestras muchas “hambres”. La necesidad de aplausos, fama, reconocimiento. También la ilusión de pensar que gracias a nuestra fe tenemos derecho de “inmunidad” frente al dolor o los peligros de la vida.

Jesús respondió a estas tentaciones desde la experiencia profunda de que Dios es Dios y que, si Él está en el centro, todo lo demás se pone en su lugar. Jesús recurre a la Palabra de Dios: no sólo de pan vive el hombre, adorarás sólo a Dios, no tentarás a Dios. Cuando tenemos la tentación de poner en juego nuestros principios con tal de tener “pan” (o una ganancia extra), o de conseguir un puesto, o de sentirnos famosos o importantes, eso es lo que podemos responder.

La primera lectura nos da una pista: a veces nos salva la memoria. Cuando llega la tentación, cuando estamos a punto de olvidar nuestros valores fundamentales, puede ayudarnos recordar lo que Dios ha hecho por nosotros y recordar que él está de nuestra parte, para salvarnos de nosotros mismos y de nuestros demonios.

Clara Malo C. rscj