Por nuestros frutos...

Las lecturas de hoy son una invitación fuerte a revisar el modo en el que nos situamos frente a los demás y el tipo de juicios que hacemos. El evangelio nos dice que podemos probar la calidad del corazón a través de nuestros frutos, empezando por nuestras palabras. Las palabras no son inofensivas: el ambiente (real, virtual, social, etc.) puede envenenarse usando palabras violentas, medias verdades, etc.

Una manera de evaluarnos es cómo se sienten los demás en nuestra presencia. ¿Se sienten cómodos, libres, seguros? O, por el contrario, se sienten juzgados, atemorizados, incómodos... No hay nada más cansado que una persona que se dedica a encontrar errores y a emitir juicios. Y no porque debamos quedarnos callados ante el mal, pero ¡cuántas veces subrayamos los errores de los demás sin mirar nuestros defectos o pecados!

Otro modo de revisar lo que hay en nuestro corazón es poner atención al tipo de comentarios que hacemos. ¿Son benévolos? ¿Les dan a los otros el beneficio de la duda, o ya nos malacostumbramos a imaginar lo peor? ¿El sarcasmo, el cinismo o el enojo se han ido apropiando de nuestro corazón? Hay una pregunta que circula por ahí: “Si te comieras tus propias palabras, ¿te alimentarían o te envenenarían?”  Hoy es un buen día para ver qué hay en nuestro corazón. Qué sabor nos dejan nuestras palabras. Qué tipo de fruto está dando nuestra vida.

Clara Malo, rscj