En plan de fiesta

El relato de las bodas de Caná nos trae una noticia sorprendente: Jesús viene en plan de fiesta. El Reino de Dios es celebración, es boda, es alegría. A veces hemos hecho de la religión una serie de normas que cumplir; las tinajas de piedra con agua para la purificación representan eso, pero donde había leyes de piedra, Jesús pone vino para celebrar y alegrarnos.

Nuestro corazón sería como esas tinajas de piedra, duros y sin nada sabroso qué ofrecer, si no fuera porque Jesús ya nos ha tocado. En cada uno ha puesto un vino bueno, que puede alegrar nuestra vida y la de los demás: sabiduría, o facilidad de palabra, o fe… La carta a los Corintios va enumerando muchas maneras distintas en las que el Espíritu ha sido puesto en nuestros corazones.  ¿Somos conscientes de ese “vino” que llevamos dentro?

Por último, una buena razón para alegrarnos y “brindar”: Dios se compromete con nosotros como un esposo enamorado. Esta es una imagen que usamos poco, pues estamos mucho más acostumbrados a ver a Dios como Padre. La imagen parece que encaja mejor desde una perspectiva femenina, pero es una metáfora muy bella para todos: quiere con nosotros una relación permanente y fiel, que lo llena de alegría. Alegrémonos, como quien buscaba novio y encontró al mejor.

Clara Malo C. rscj