Tú eres mi Hijo

El bautismo de Jesús marcó un antes y un después en su vida. De ser un carpintero conocido sólo en su pueblo, pasó a ser profeta, sanador, anunciador de la Buena Noticia. Lo que Jesús experimentó ese día, lo sostuvo para siempre, a pesar de las incomprensiones e incluso la perspectiva de la muerte. “Tú eres mi hijo”.

¿Y si cada uno de nosotros escuchara esas palabras? ¿Si dejamos espacio a la sorpresa del cielo abierto, de la presencia del Espíritu Santo sobre nosotros, de la voz de Dios llamándonos por nuestro nombre? A cada uno de nosotros, Dios nos ha dicho: “tú eres mi hijo”. No por las obras de justicia que hemos hecho, sino por pura misericordia. Pidámosle a Dios la gracia de vivir a la altura de ese regalo que nos hizo también a nosotros. Como dice la segunda lectura de hoy, que podamos vivir con sensatez, justicia y piedad.

La primera lectura está tomada de Isaías: “Consuelen, consuelen a mi pueblo…” Estas palabras hablan de un pueblo (tal vez el nuestro), que está a la espera, que necesita escuchar la voz de Dios.   Es casi un mandato: consuelen a mi pueblo, háblenle al corazón. Clamen sin miedo, y digan a este pueblo cansado, castigado, que Dios está cerca. ¿Qué podemos decir de parte de Dios? ¿Qué palabras susurra a nuestro corazón, que podemos también comunicar a otros como Buena Noticia?

Clara Malo C. rscj