Filipina: una mujer que soñó

Rosa Filipina Duchesne es, “una santa de contrastes para tiempos conflictivos” (1)

“Toda ella era una sed desmedida, una necesidad de derroche, de exageración, de ruptura de límites y cálculos pero otra mujer de paso decidido y sereno se puso a la tarea de educar aquel torrente de generosidad y de impulso.” Sofía Barat, su gran amiga, le decía: “¿Cuándo sabré que has llegado a ese feliz estado en el que Dios solo basta, en el que su santa voluntad es el resorte de todas nuestras acciones?” (2)

La noche del Jueves Santo de 1806 Filipina  escuchó en su corazón la invitación de Dios para ir en misión a América.Ella cuenta a Sofía:

“me veía después sola con Jesús o rodeada de una turba de niños negros, silvestres florecillas del bosque, sintiéndome más feliz en medio de ellos que cualquier potentado de la tierra en su corte…” (3)

Desde entonces ¡¡tuvo que esperar e insistir 12 años!! En una de sus cartas, Sofía dibuja la ‘terquedad de su esperanza’:

“la perseverancia de tus deseos, la facilidad con que ese proyecto tan difícil en apariencia se ha realizado cuando llegó el momento señalado por la Providencia, el conjunto de medios que se han reunido para facilitar tu marcha, que tanto costaba a nuestros corazones, en fin, la fuerza que Dios te ha dado para triunfar en todos los obstáculos, todo me prueba que el Señor te llamaba para fundar una casa del Sagrado Corazón en América, a pesar de las reclamaciones de la prudencia humana. No puedo ser menos generosa que tú. Me has dado ejemplo de tanto valor”  (4)

Ya en América tiene que esperar hasta 1841 para ir a vivir entre los indios. La responsabilidad por las fundaciones le impide saciar pronto su deseo. Es a los 72 años que finalmente lo consigue:

“Quiere irse al Missouri para evangelizar a los indígenas. Es cierto que cuando se ama a Dios nunca se dice: basta. Si no la conociera bien diría: es demasiado. Como la conozco, tan solo le diré: adelante, siga su vocación o más bien la voz de Dios. El estará a su lado”.(5)

“Sabe soñar para que algo se haga realidad, tender a lo imposible para que algo sea posible: esa es la regla de oro de Filipina, esa es la enseñanza más segura de quien todo lo arriesga y por eso gana.”

“Llegando a América creía estar en el colmo de mi ambición… pero ahora me siento devorada por la de ir nada menos que al Perú” (6)

Su padre dice que es “criatura de indómita voluntad”.  El P. Varin comenta: “nada le impedirá ser de Dios” y su amiga Sofía: “no ha retrocedido jamás ante ningún obstáculo cuando Jesús la ha llamado en favor de los demás”.

1 Rosario Valdeavellano y Dolores Aleixandre, CLAR. Bogotá.
2 Id. 50-51.
3 Id. 41
4 Id. 12. Ref. MSB-12-02-1818
5 M. Rosati. Id, 18
6 Id., 23