Para acercarse

Clara Malo

Hace tiempo tuve el regalo de contemplar este atardecer en Puente Grande.  El paisaje era extraordinario: el sol se iba poniendo cada vez más brillante y comencé a tararear una canción navideña que me gusta mucho: 

"Estrella que surges en nuestras tinieblas,
lucero divino de gran respandor;
Oh Sol que vences la noche del mundo,
tú, luz eterna, Oh Cristo Jesús..."

De pronto caí en la cuenta: todo eso es muy bonito, pero muy lejano. Las estrellas son brillantes, pero inalcanzables. Y Dios es también cercanía, confianza, intimidad.

Yo traía rondando la pregunta: ¿Por qué te encarnaste?  Y fue llegando la respuesta sorprendente:  Porque ser sólo Dios hubiera sido demasiado solitario.  No basta ser estrella, luz, sol, camino... Quería otras palabras más sabrosas: ser amigo, mano, hombro, piel, mejilla... 
Y más espectacular se ponía la bóveda: impresionante, preciosa, perfecta... y su respuesta era clara:  es precioso, pero muy lejano. Quiero la cercanía de ser humano. 

Recordé un fragmento de un poema de Casaldáliga: 

"Y cuando el Templo, en su esplendor, 
lo ofusca, 
rompe infantil el vientre de María"

 Hacerse sencilla, cercanamente humano...  ¿Será que nosotros mismos aprenderemos eso?

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